lunes, 18 de octubre de 2010

Orígenes del Flamenco y el Quijote de Miguel de Cervantes


A través de la Real Academia Española y Youtube se ha creado una iniciativa para crear el Quijote más grande de la historia con la finalidad de celebrar la grandeza del español con la lectura más universal del Quijote. La guía de flamenco se ha querido unir a esta campaña aportando su grano de arena a través de la relación de tan insigne obra con el flamenco que esperamos que os guste.
Cuando Cervantes describe a Preciosa, protagonista de “La Gitanilla”, nos la presenta así: “... Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, de seguidillas y zarabandas, y de otros versos, especialmente de ROMANCES, que los cantaba con especial donaire”. Pero un poco antes: “.... Salió Preciosa la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre gitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama”.
Hay que manifestar que la relación de “cantes y bailes” que menciona Cervantes – que propiamente no eran “flamencos” – no eran patrimonio exclusivo del mundo flamenco. Lo que nos hace admitir que el origen primario de estas formas cantables procedía del romancero general. Esta teoría la comparte también Pedro Camacho Galindo en su extraordinaria obra “Los payos también cantan flamenco”, quien afirma rotundamente que “...ni directa ni indirectamente se puede entrever en la relación de cantes y bailes de esta raza, en su largo peregrinaje, algo que se parezca al cante flamenco. Y a la aguda percepción de Cervantes no pudo pasar desapercibido un hecho tan sobresaliente y peculiar, si es que hubiese existido”.
Sin embargo, escritores y musicólogos nacionales y extranjeros concuerdan totalmente- “Tras las huellas del flamenco. El mundo gitano en la obra de Cervantes”, pág. 64, de Manuel López Rodríguez – en la influencia del pueblo gitano en el flamenco, aun admitiendo su derivación de los cánticos religiosos bizantinos o de los que entraron en España con la invasión árabe. Para Manuel de Falla, Joaquín Turina y Claude Debussy no hay la menor duda de esta influencia gitana en los cantes flamencos.
Creo que de no haber existido el pueblo gitano en Andalucía, no tendríamos ahora lo que denominamos “Cante flamenco”; tendríamos cualquier otra cosa, menos flamenco. Quiero entender que fueron los gitanos quienes dieron la forma definitiva al cante, lo que no implica decir que los gitanos crearan el cante. Nada más lejos. 
Esto nos lleva a reconocer que tanto en la lírica como en el cante se ha producido necesariamente una “evolución”, la cual se hubiera producido sin la presencia del elemento gitano, pero que al darse ésta – afirma López Rodríguez en la obra citada, pág. 66 – la evolución cambió de ruta y posiblemente de velocidad. Es, por tanto, imprescindible hacer estas breves anotaciones sobre el gitano, puesto que ellos han sido los forjadores de los “Romances flamencos”. Pero también hay que admitir que esto no excluye la participación de los cantaores payos en los romances. Se trata, pues, de un fenómeno de adaptación y superación, que se ha dado en otros terrenos artísticos. Así lo confirma, por otra parte, la filosofía, la etnología y la antropología.
Los textos cervantinos son, sin duda alguna, abundantes en la enumeración de cantes y bailes gitanos, ¿naturales de los gitanos o adquiridos? Esta es la terrible cuestión. En la segunda página de “La Gitanilla” ya nos presenta Cervantes a Preciosa cantando romances: “... De entre el son del tamborín y donaire y castañedas y fuga de baile salió un rumor que merecía la belleza y donaire de la Gitanilla y corrían los muchachos a mirarla; pero cuando la oyeron cantar, por ser la danza cantada, allí sí que cobró la fama de la Gitanilla; cuando llegaron a hacerla en la Iglesia de Santa María delante de la imagen de Santa Ana, después de haber bailado todas, tomó Preciosa unas sonajas, y cantó el siguiente romance:
Árbol preciosísimo,
que tardó en dar fruto
años que pudieron
cubrirle de luto.
Y hacer los deseos
del consorte puros,
contra su esperanza
no muy bien seguros”

En “Pedro de Urdemalas”, Cervantes nos ofrece un larguísimo romance que, por su estructura de seis sílabas (romancillo), tiene la misma estructura métrica que la Alborea: canto de bodas gitanas. Entresacamos, al menos, una estrofa.
Del libro La gitanilla y apuntes de D. Alfredo Arrebola)

Miguel Montaño Mesones
La guía de flamenco


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